Resumen

La toga no era sencillamente lo que los romanos llevaban; era lo que los ciudadanos romanos tenían derecho a llevar. Los extranjeros y los desterrados no podían, y por eso la prenda funcionaba como un documento jurídico que uno se ponía por la mañana, que es la razón de que las fuentes distingan sus variedades con tanto cuidado.

Prendas y estilo principales

Bajo la toga iba una túnica de lana, ceñida con cinturón. La toga misma era de lana sin teñir, y eran sus versiones las que señalaban: la sencilla toga virilis del ciudadano varón adulto; la toga praetexta con su franja purpúrea, que llevaban los magistrados y los niños nacidos libres hasta su mayoría de edad; la toga pulla, oscura, para el luto; y la toga candida, blanqueada con creta por los hombres que buscaban un cargo, de la que desciende la palabra candidato.

Una mujer casada de posición llevaba la estola, una larga prenda sobre la túnica, con la palla como manto en la calle, y cintas de lana en el pelo: un atuendo que anunciaba igualmente una condición jurídica y no un gusto.

La República legisló una y otra vez contra la ostentación. La lex Oppia del 215 a. C., aprobada en tiempo de guerra, limitó el oro que una mujer podía poseer y la ropa de color que podía llevar; su derogación veinte años después, tras una manifestación de mujeres en las calles de Roma, es una de las pocas protestas públicas sobre la ropa registradas en el mundo antiguo.

Transición

Bajo el Imperio la toga se hizo más grande y más incómoda hasta quedar solo para la ceremonia, y la túnica y las sedas importadas contra las que la República había legislado pasaron a ser lo corriente.