Resumen

La forma temprana es el ketsu, un anillo con una sola hendidura cortada, hecho de jadeíta o de nefrita y pulido hasta brillar. La hendidura es todo el diseño: el lóbulo se pasa por ella, así que el anillo cuelga cerrado alrededor de la carne y no de un gancho. Desde el Jomon medio se impone en el este una segunda tradición: adornos de arcilla cocida, llevados en un lóbulo perforado que se ensanchaba durante años para sostenerlos. Los ejemplares del Jomon tardío y final de las regiones de Kanto y de Chubu llegan a ocho centímetros de diámetro, cortados con calados y estampados con espirales, y son demasiado grandes para haberse insertado en una oreja adulta que no llevara preparándose desde la infancia.

Cómo se lleva

Un anillo hendido entra de lado. El lóbulo se pellizca fino, se pasa por la abertura y se suelta, y el anillo queda en la oreja con la hendidura por detrás, donde no se ve. Un disco o un carrete de arcilla es distinto: no puede abrirse, así que tiene que pasar por un agujero ya lo bastante ancho, y los pares hallados en tumbas muestran que las dos orejas iban igualadas de tamaño. Los mayores no son macizos: el calado es tan estructural como decorativo, porque un disco macizo de esa anchura desgarraría el lóbulo del que cuelga. El peso es la razón de que los más grandes sean delgados en el borde y estén perforados por el centro.

Historia

Los anillos hendidos de jade aparecen en el archipiélago japonés en el Jomon temprano y comparten su forma con anillos del Neolítico chino y de la península de Corea, que es uno de los vínculos materiales más claros a través de ese mar en el período. Los adornos de arcilla son locales y su elaboración es tardía: las piezas más grandes y más trabajadas vienen de los últimos siglos anteriores a la transición yayoi, y después la práctica se detiene. Nada comparable se lleva en el período Yayoi, cuando llega el adorno de metal y la oreja se deja en paz.