Resumen
Los primeros sudamericanos casi no dejaron ropa, y lo poco que hay viene de un puñado de yacimientos donde sobrevivió la materia orgánica. Esta página es, por tanto, un argumento a partir de las herramientas, del clima y de un asentamiento encharcado del sur de Chile, y se dice así porque la alternativa es inventar un vestuario.
Prendas y estilo principales
Los materiales eran la piel y la fibra vegetal. El guanaco y el ciervo aportaban pieles en el sur, trabajadas con raspadores de piedra cuyo desgaste de filo muestra que se usaron sobre cuero; los punzones y las agujas de hueso indican costura allí donde el frío la exigía.
Monte Verde, en el sur de Chile, es la excepción que da pruebas reales. El encharcamiento conservó cordelería, fibra anudada y material vegetal trabajado de un asentamiento de unos catorce mil años, así que la tecnología de la fibra retorcida y anudada está documentada desde el mismísimo principio en vez de deducirse de la tejeduría andina posterior.
Más allá de eso, el panorama se divide por entornos, como no puede ser de otro modo en un continente que abarca los Andes, la Amazonía y la Patagonia: pieles entalladas en el extremo sur, donde los pueblos tehuelche y selk’nam posteriores llevaron mantos de piel de guanaco hasta tiempos modernos, y poca o ninguna ropa con un adorno corporal abundante en las tierras bajas tropicales.
Transición
En el período arcaico, el cultivo del algodón y el entorchado sin telar en la costa peruana convierten esta destreza con la fibra en tela, y empieza la tradición textil andina.