Resumen

Los Andes produjeron una de las grandes tradiciones textiles del mundo, y empezó antes que la cerámica, antes que el metal y antes que el telar. Los yacimientos precerámicos de la costa peruana conservan tela trabajada en cantidad porque el desierto sencillamente no deja que se pudra la materia orgánica, así que este es uno de los pocos lugares de la Tierra donde las primeras etapas de la ropa pueden examinarse directamente en vez de deducirse.

Prendas y estilo principales

Los primeros textiles se hicieron sin telar alguno. El entorchado, el anillado y el anudado construyen tejido manipulando el hilo directamente, y produjeron los taparrabos, las bolsas, las esteras y los tocados del período; el telar de lizos, y con él el tejido propiamente dicho, llega después. En la costa se cultivaba algodón autóctono, y la fibra de camélido —llama y alpaca— abastecía a las tierras altas. En Huaca Prieta, la tela de algodón entorchada lleva diseños deliberados, tenues a la vista y recuperados con técnicas de imagen modernas, lo que la sitúa entre los textiles con dibujo más antiguos del mundo; los fragmentos de la cueva de Guitarrero, en la sierra, son aún más antiguos.

Vale la pena sostener dos cosas a la vez. El algodón se cultivaba tanto para redes y sedales de pesca como para ropa, y la productividad de esas redes es una explicación habitual de cómo una costa tan árida sostuvo una construcción monumental temprana: la tecnología de la tela financiando una civilización antes de vestirla. Y en la costa del extremo sur, los chinchorro envolvían y preparaban a sus muertos con junco, fibra y piel mucho antes de que Egipto momificara a nadie, así que parte del material mejor conservado es funerario.

Transición

Una vez que llega el telar, esta destreza acumulada se convierte en los mantos bordados de Paracas y en el tapiz de las civilizaciones andinas que siguen, donde la tela pasa a ser la principal reserva de riqueza de la región y su forma de arte más alta.