Resumen
Los incas gobernaron un imperio con tela. Los textiles eran la principal reserva de valor del Estado, su moneda de obligación y su instrumento de favor: se acumulaban en depósitos, se entregaban como pago, se daban como premio y se quemaban como ofrenda. Ningún otro imperio hizo de la ropa un brazo de gobierno de forma tan directa.
Prendas y estilo principales
Los hombres llevaban el unku, una túnica rectangular que se pasa por la cabeza, con un taparrabos y un manto; las mujeres, el aksu, una tela larga enrollada al cuerpo y prendida en los hombros con tupus, grandes alfileres de metal de cabeza aplanada, bajo una lliclla también prendida en el pecho.
La tela estaba graduada. La awasqa era el tejido doméstico corriente; el cumbi, un tapiz de una finura extraordinaria, lo hacían especialistas —las aqllakuna en instituciones del Estado y los tejedores cumbicamayoc— y quedaba reservado al gobernante, para llevarlo y para regalarlo.
La decoración era administrativa. Los tocapus, pequeños motivos geométricos cuadrados dispuestos en bandas o por toda una túnica, codificaban la condición y la pertenencia, y una túnica cubierta por entero de tocapus correspondía a lo más alto de la jerarquía. La vicuña, la fibra más fina del mundo, se obtenía en cacerías controladas por el Estado.
Transición
La conquista española quebró el sistema que daba su sentido a la tela, y la tejeduría andina continuó como tradición doméstica y comunitaria y no como tradición de Estado.