Resumen

En los Andes, los españoles llegaron a una sociedad en la que la tela era la principal reserva de riqueza y el instrumento fundamental de gobierno, y no lo entendieron hasta que habían destruido buena parte de ella. La conquista es por eso un acontecimiento textil tanto como militar: lo que se incautó, se quemó y se prohibió no era accesorio para la sociedad andina, sino algo cercano a su centro.

Prendas y estilo principales

Los españoles vinieron con jubón y calzas, armadura acolchada o de acero y sombreros de ala, vestidos para una campaña europea y llamativamente poco adecuados a la altitud.

La vestimenta andina era la túnica rectangular unku para los hombres y la lliclla y el anacu enrollados para las mujeres, prendidos con el tupu, tejidos con algodón en la costa y con lana de alpaca y de vicuña en las tierras altas. El Estado inca mantenía enormes depósitos de tela y entregaba prendas como pago, como premio y como obligación; el mejor tapiz cumbi lo hacían tejedoras dedicadas a ello y quedaba reservado al gobernante. Los relatos españoles describen depósitos de tela quemados, y los rebaños de vicuñas, antes protegidos por la caza estatal, fueron abatidos.

La vestimenta se convirtió después en un instrumento del gobierno colonial. Tras la rebelión de Túpac Amaru de 1780, las autoridades prohibieron la vestimenta noble inca junto con la lengua del teatro y los retratos, y entendían ya para entonces exactamente lo que la ropa significaba.

Transición

Bajo el orden colonial de castas, la vestimenta andina absorbió elementos españoles —el sombrero montera, la falda fruncida pollera— en un híbrido que hoy se lee como traje andino tradicional.