Resumen

Tras la victoria de Selim I sobre los mamelucos en 1517, Egipto pasó a ser una provincia otomana. Lo gobernaba un bajá enviado desde Estambul, pero el poder real se compartía con los beyes mamelucos —y cada vez más lo acaparaban ellos—, que se seguían reclutando y que dominaban el campo y sus rentas. Egipto abastecía de grano y de rentas al imperio y siguió siendo un nudo clave del comercio de café y especias del mar Rojo, aunque las rutas atlántica y del Cabo fueron erosionando su cuota con el tiempo.

Hitos principales

En el siglo XVIII las facciones mamelucas se volvieron casi autónomas; Alí Bey al-Kabir llegó a rebelarse y a separarse brevemente en 1768-1772. En 1798 la expedición francesa de Napoleón Bonaparte ocupó Egipto y derrotó a los mamelucos en la batalla de las Pirámides. La acción británica y otomana obligó a los franceses a salir en 1801.

Final y transición

La retirada francesa dejó un vacío de poder. Terminó en 1805, cuando Muhammad Alí, un comandante otomano, fue reconocido como gobernador: el final efectivo del viejo orden y el comienzo de una era nueva.