Resumen
En 1805 Muhammad Alí, un comandante otomano, salió del caos que siguió a la retirada francesa como gobernador (valí) de Egipto. En 1811 quebró el poder de los mamelucos con la matanza de sus jefes en la Ciudadela de El Cairo. Desde su ascenso hasta la ocupación británica de 1882, su dinastía dominó la transformación de Egipto.
Hitos principales
Muhammad Alí persiguió una modernización dirigida por el Estado: un ejército y una marina de estilo europeo, monopolios estatales, el algodón de fibra larga como cultivo de exportación, escuelas nuevas y misiones de estudiantes a Europa, y la imprenta de Bulaq. Se expandió hacia Sudán en la década de 1820, hizo campaña en Arabia y en Grecia y conquistó Siria (1831-1840); las potencias europeas intervinieron en 1840 y forzaron una retirada, pero la dinastía obtuvo el gobierno hereditario de Egipto en 1841. Su sucesor Said concedió la concesión del canal de Suez en 1854, e Ismail —jedive desde 1867— empujó la europeización, reconstruyó El Cairo, tendió ferrocarriles y abrió el canal en 1869, todo ello financiado con un endeudamiento pesado.
Final y transición
La crisis de la deuda obligó a Egipto a vender a Gran Bretaña sus acciones del canal en 1875; siguió el control financiero anglofrancés, e Ismail fue depuesto en 1879. El movimiento nacionalista de Urabi (1879-1882), bajo el lema «Egipto para los egipcios», desafió al jedive y al control europeo; Gran Bretaña bombardeó Alejandría, venció en Tel el-Kebir en 1882 y empezó su ocupación. La dinastía siguió reinando bajo el dominio británico hasta que la monarquía cayó en 1952-1953.