Resumen

El Egipto otomano se vestía en capas de autoridad. Los estilos cortesanos de Estambul llegaron con la conquista de 1517 y se asentaron sobre una clase militar mameluca que sobrevivió como beyes, sobre una población urbana de lengua árabe y sobre un campo que apenas cambió, de modo que lo que un hombre llevaba lo situaba en ese orden con bastante precisión.

Prendas y estilo principales

El conjunto masculino era una camisa larga bajo un entari o un caftán, una túnica abierta por delante que llegaba a los tobillos, cerrada con una faja enrollada a la cintura y rematada por un turbante. El turbante hacía casi toda la señalización: su tamaño, la tela usada y la forma alrededor de la que se enrollaba distinguían a los ulemas de los funcionarios y de los soldados, y los observadores otomanos lo leían de un vistazo.

El vestido femenino se dividía nítidamente entre dentro y fuera de casa. En casa, sedas vivas y vestidos bordados con una chaquetilla corta; en la calle, un manto envolvente y un velo facial, de modo que el vestido elaborado solo se veía dentro del hogar.

La economía de la tela iba en las dos direcciones. Egipto suministraba lino y era un corredor para los algodones indios y el café, mientras los paños finos de lana y las sedas venían de Anatolia y de Europa. Las distinciones suntuarias se aplicaban a los no musulmanes, con colores de turbante y de babucha prescritos en distintas épocas.

Transición

Las reformas de Muhammad Alí en el siglo XIX sustituyeron el turbante por el tarbush entre los funcionarios y el ejército, y metieron por primera vez el corte europeo en la vida pública egipcia.