Qué ocurrió

Los avances iraquíes iniciales se atascaron, e Irán recuperó su territorio en 1982 —con la liberación de Jorramshahr como hito—, rechazó después un alto el fuego y llevó la guerra al interior de Irak. Siguieron años de desgaste: guerra de trincheras, ofensivas de oleadas humanas que incluyeron voluntarios muy jóvenes del Basiy, ataques con misiles a las ciudades y una guerra de petroleros en el Golfo que arrastró a la marina estadounidense; en 1988, el USS Vincennes derribó un avión civil iraní y mató a 290 personas. Irak usó armas químicas de forma extensa contra las tropas iranias y contra los civiles kurdos, como en Halabja en 1988, un expediente ampliamente documentado. Irán aceptó la resolución 598 de la ONU, el alto el fuego entró en vigor el 20 de agosto de 1988, y las fronteras volvieron al statu quo anterior, sin ganancia territorial para ninguno de los dos.

Antecedentes

El Irak de Sadam Huseín invadió el 22 de septiembre de 1980 con la mira puesta en la vía fluvial de Shatt al-Arab, en el petróleo de Juzestán y en un Irán revolucionario al que suponía débil. A lo largo de toda la guerra, el apoyo occidental y del bloque soviético fluyó hacia Irak mientras Irán quedaba en buena medida aislado.

Consecuencias

Las muertes combinadas suelen estimarse en entre medio millón y un millón, aunque las cifras varían mucho, y el daño económico a ambos países fue enorme. Dentro de Irán, la guerra se convirtió en una prueba fundacional que afianzó la República Islámica e impulsó el ascenso de la Guardia Revolucionaria. Las deudas de guerra de Irak alimentaron su invasión de Kuwait de 1990. La guerra sigue siendo central en la memoria estatal irania como la Defensa Sagrada.