Qué ocurrió
Alejandro cruzó a Asia en el 334 a. C. y quebró el poder aqueménida en una serie de batallas: el Gránico (334 a. C.) le abrió Asia Menor, en Issos (333 a. C.) derrotó en persona a Darío III y, tras un rodeo por Egipto, la batalla decisiva de Gaugamela (331 a. C.) destrozó el ejército imperial, con lo que Babilonia y Susa se rindieron con sus tesoros. En el 330 a. C. incendió Persépolis: venganza deliberada por el incendio de Atenas del 480 a. C. o acto de embriaguez, según difieren los relatos antiguos. Darío III huyó y lo asesinó su propio sátrapa Beso; los historiadores antiguos cuentan que Alejandro dio al rey sepultura real y castigó al asesino.
Antecedentes
El invasor fue Alejandro III de Macedonia. A medida que avanzaba la conquista se presentó cada vez más como heredero de los reyes persas y no como simple conquistador, y adoptó la vestimenta y la ceremonia cortesana persas y celebró en Susa, en el 324 a. C., bodas masivas de sus oficiales con nobles iranias. Sus macedonios llevaron mal esas políticas.
Consecuencias
Para Irán, la conquista puso fin al primer imperio persa y abrió más de cinco siglos de dominio de fundación extranjera —macedonio (seléucida) hasta mediados del siglo III a. C., y después parto hasta el 224 d. C.— con una presencia cultural griega duradera en Asia. En la tradición persa posterior, Alejandro tiene una memoria doble: los textos zoroástricos lo maldicen como el destructor maldito, mientras que la épica persa lo transformó en un rey legendario, el Iskandar del Shahnameh.