Resumen

El Irán qajar es el período mejor documentado en imágenes de toda la historia del vestido iraní, porque la dinastía adoptó primero el retrato al óleo a gran escala y después, con Naser al-Din Shah, la fotografía: el sah fue un fotógrafo entusiasta que hizo registrar en cantidad a su corte, a su casa y a sí mismo. Por una vez, la ropa de un siglo persa se puede mirar en lugar de reconstruirla.

Prendas y estilo principales

La silueta masculina de corte es una túnica larga ceñida con cinturón sobre pantalones, con un alto gorro negro de piel de cordero y barba cerrada; ministros y cortesanos aparecen con ese uniforme durante casi todo el siglo, cada vez más con condecoraciones europeas prendidas encima. Los retratos del propio Naser al-Din Shah, cargados de joyas y órdenes, marcaron el tono.

La prenda femenina célebre es la shaliteh, una falda corta, muy amplia y fruncida, que se llevaba sobre medias blancas y que desde mediados de siglo sustituyó a las faldas largas en la casa real. Suele atribuirse a los viajes del sah al ballet y la ópera europeos, traída a casa como moda de corte: un préstamo europeo que produjo algo que ningún europeo llevaba. Fuera de la casa real, las mujeres salían a la calle con el chador envolvente y el velo facial, de modo que no son dos alternativas sino dos capas de ámbitos distintos.

Pintores como Kamal-ol-Molk registraron ese aspecto al final del período, cuando la fotografía ya hacía el mismo trabajo.

Transición

Las reformas indumentarias de Reza Shah, en las décadas de 1920 y 1930, le pusieron fin de forma deliberada: se impusieron el sombrero y el traje europeos a los hombres, y el decreto de desvelamiento de 1936 prohibió el chador sin más —la ropa usada como instrumento de Estado, en dirección contraria a la de los Ming.