Resumen

La República romana (509-27 a. C.) gobernó mediante magistrados elegidos —dos cónsules elegidos cada año en la cúspide—, un Senado poderoso y asambleas populares.

A lo largo de esos siglos Roma pasó de ciudad-estado a dueña del Mediterráneo.

Hitos principales

La República temprana vio «el conflicto de los órdenes», en el que los plebeyos ganaron derechos: los tribunos de la plebe, la Ley de las Doce Tablas codificada hacia el 450 a. C. y, con el tiempo, la igualdad jurídica.

Roma conquistó la península itálica y después combatió a Cartago en las tres guerras púnicas (264-146 a. C.). Aníbal invadió Italia y aplastó a un ejército romano en Cannas en el 216 a. C., pero Roma se impuso y destruyó Cartago en el 146 a. C., el mismo año en que sometió Grecia.

La expansión trajo riqueza y esclavos y tensionó la sociedad, y produjo la crisis reformista de los Gracos, la rivalidad de Mario y Sila y la revuelta de esclavos encabezada por Espartaco (73-71 a. C.).

Final y transición

En la República tardía dominaron los hombres fuertes: el Primer Triunvirato, la conquista de la Galia por Julio César y el paso del Rubicón (49 a. C.), la guerra civil y la dictadura y el asesinato de César en el 44 a. C.

Su heredero Octaviano derrotó a Marco Antonio y a Cleopatra en Accio (31 a. C.) y en el 27 a. C. se convirtió en Augusto, con lo que transformó la República en el Imperio.