Resumen
Con Muhammad Alí y sus sucesores, el vestido egipcio se convirtió en política de Estado. Una dinastía que modernizaba su ejército, su burocracia y su economía a la europea vistió esas instituciones a juego, de modo que la ropa cambió de arriba abajo y de la capital hacia fuera, y lo que un hombre llevaba en la cabeza anunciaba a qué mundo pertenecía.
Prendas y estilo principales
El tarbush, el gorro rojo de fieltro llamado también fez, pasó a ser la insignia de las clases modernizadas: oficiales del ejército, funcionarios, efendis, llevado con levita o uniforme europeos. Se leía como otomano y no como europeo, y de eso se trataba: moderno sin ser extranjero. Frente a él estaban el turbante del estamento religioso y de las profesiones tradicionales, y la galabeya lisa de la gran mayoría de los egipcios, a la que las reformas nunca llegaron.
El algodón lo sostiene todo. La introducción por Muhammad Alí del algodón de fibra larga como monopolio estatal rehízo la economía egipcia alrededor de un cultivo textil, y la Guerra Civil estadounidense llevó después los precios a alturas extraordinarias. Egipto vestía a las fábricas del mundo mientras su propia élite se revestía con paño europeo importado.
El vestido de las mujeres de la élite se movió más despacio y de forma menos visible, porque cambió primero dentro de la casa, con modas europeas adoptadas en privado bastante antes de que se dejara a un lado el velo de la calle.
Transición
Después de 1882 y bajo la ocupación británica, el vestido europeo se extendió más entre la clase media urbana, y el propio tarbush —en su día emblema de la reforma— acabó pareciendo el viejo orden al que había sustituido.