Qué ocurrió
En la primera fase (431-421 a. C.), Esparta invadió el Ática casi cada año mientras Atenas hostigaba por mar. La peste de Atenas (430-426 a. C.) mató quizá a entre un cuarto y un tercio de la población, con Pericles entre los muertos, antes de la incómoda paz de Nicias, en 421. La expedición a Sicilia del 415-413 a. C. —la enorme armada ateniense enviada contra Siracusa— terminó en una destrucción total, la gran catástrofe de la guerra, con las deserciones de Alcibíades como episodio del camino. En la fase final (413-404 a. C.), Esparta construyó una flota financiada con oro persa a cambio de ceder a los griegos de Asia, y la flota ateniense fue aniquilada en Egospótamos, en el 405. Sitiada y hambrienta, Atenas se rindió en el 404: sus murallas se derribaron, su imperio desapareció y se impuso brevemente una oligarquía respaldada por Esparta, los Treinta Tiranos (la democracia se restauró en el 403).
Antecedentes
La guerra enfrentó a Atenas y a su imperio con Esparta y la Liga del Peloponeso. La narró Tucídides, cuyo juicio famoso —que la guerra la hicieron inevitable el crecimiento del poder ateniense y el temor que inspiró en Esparta— fundó el realismo político.
Consecuencias
Las atrocidades de ambos bandos, con Melos entre los casos notorios, endurecieron la manera de hacer la guerra; Tucídides las enmarcó en sus grandes pasajes sobre el poder y la justicia. La guerra dejó exhausto al mundo de la polis e hizo de Persia el árbitro de los asuntos griegos. La supremacía de Esparta resultó breve y, dos generaciones después, el camino quedó abierto para Macedonia.