Resumen
El Imperio timúrida (1370-1507) lo fundó Timur —conocido en Occidente como Tamerlán—, un conquistador turcomongol de Transoxiana que reivindicó legitimidad gengiskánida por matrimonio e hizo de Samarcanda su capital. La paradoja de la era es la destrucción seguida de brillantez: Timur arrastró artesanos de las ciudades conquistadas a Samarcanda y, con sus sucesores, las artes florecieron en lo que suele llamarse el Renacimiento timúrida.
Hitos principales
Las campañas de Timur, que duraron hasta 1405, devastaron un arco enorme que iba de Irán y la Horda de Oro a Delhi (1398), Damasco y Bagdad (1401) y Ankara (1402), donde capturó al sultán otomano Bayaceto I; las fuentes están llenas de matanzas y de relatos de pirámides de cráneos, aunque sus cifras no sean fiables. Murió en 1405 mientras marchaba sobre la China Ming. Sus sucesores se volcaron en el mecenazgo: Shahruj gobernó en Herat con su esposa Gawhar Shad, mientras en Samarcanda el gobernante y astrónomo Ulugh Beg levantó un observatorio cuyo catálogo estelar estuvo entre los mejores de la época. En el Herat timúrida tardío, con el sultán Husáin Baiqara, el pintor Behzad, el poeta Yami y Mir Ali Shir Nava’i encabezaron un florecimiento de las letras túrquicas chagatai.
Final y transición
En el propio Irán, el control timúrida menguó desde mediados de siglo frente a las confederaciones turcomanas de los Qara Qoyunlu y los Aq Qoyunlu. Los uzbekos tomaron después Samarcanda en 1500 y Herat en 1507, con lo que terminó la dinastía. Su gran continuación llegó en la India, donde el príncipe timúrida Babur fundó el Imperio mogol.