Resumen
El imperio se fundó cuando Ciro el Grande derribó a los medos en el 550 a. C. Tomó después Lidia y, en el 539 a. C., Babilonia; sus sucesores Cambises II sumaron Egipto en el 525 a. C., y Darío I el valle del Indo y Tracia. El reino se gobernaba mediante unas veinte provincias o más al mando de sátrapas (gobernadores), aunque el número de satrapías varía según la fuente.
Hitos principales
Las infraestructuras mantuvieron unido al imperio: el Camino Real recorría unos 2.700 km de Sardes a Susa con estaciones de relevo, el dárico de oro daba una moneda común y el arameo servía de lengua franca administrativa. El gobierno fue relativamente tolerante con las religiones y las costumbres locales: las fuentes bíblicas y babilonias atribuyen a Ciro la restauración de los cultos babilonios y el permiso para que volvieran los desterrados de Judea. Las capitales ceremoniales fueron Pasargada con Ciro y después Persépolis desde Darío I, mientras Susa y Babilonia servían de centros administrativos.
Final y transición
Las guerras con los griegos (499-449 a. C.) frenaron la expansión del imperio hacia el oeste. Entre el 334 y el 330 a. C. cayó ante Alejandro Magno. Y sin embargo, su modelo de imperio universal y multiétnico perduró: su administración influyó en todos los Estados iranios posteriores y en la realeza helenística.