Resumen
La invasión del imperio corasmio por Gengis Kan (1219-1221) devastó las ciudades del este de Irán —Merv, Nishapur, Herat— con matanzas recordadas como apocalípticas, aunque las cifras de las fuentes no sean fiables. Siguieron décadas de gobernadores mongoles. En 1256, Hulagu, nieto de Gengis, fundó el Ilkanato, un kanato subordinado del imperio mongol, que abarcaba Irán, Irak, el Cáucaso y el este de Anatolia.
Hitos principales
En 1258, Hulagu saqueó Bagdad y mató al último califa abasí, con lo que puso fin al califato tras 500 años; su avance hacia el oeste lo frenaron los mamelucos en Ain Yalut, en 1260. La corte fue al principio religiosamente ecléctica, con influencias budistas, cristianas y chamánicas, hasta que Ghazan Kan se convirtió al islam en 1295 e hizo musulmán al Estado; con su visir Rashid al-Din reformó los impuestos y patrocinó el saber. El Yami al-tawarij de Rashid al-Din, el compendio de crónicas, se llama a menudo la primera historia universal. La era fue brillante para la miniatura persa, la historiografía y la astronomía —el observatorio de Maragha con Nasir al-Din Tusi—, mientras el intenso intercambio con la China Yuan por las rutas mongolas traía motivos de chinoiserie al arte persa.
Final y transición
Tras la muerte del último ilkán efectivo, en 1335, el Estado se disolvió en dinastías regionales —los yalayíridas, los muzafáridas y otras— hacia 1353. Ese vacío es el que llenaría Timur.