Resumen

Después de 476 Italia se fracturó. Pasó por el reino ostrogodo, por la costosa reconquista bizantina de Justiniano en las guerras góticas de 535-554 y por la invasión lombarda de 568, lo que dejó la península dividida durante siglos entre los Estados Pontificios en el centro, el dominio bizantino y después normando en el sur, y las ciudades autónomas en el norte.

Hitos principales

Los Estados Pontificios dieron a los papas poder temporal; en 800 Carlomagno fue coronado emperador en Roma, e Italia se convirtió después en el escenario de la lucha entre los partidarios del papa (güelfos) y los del emperador (gibelinos). Las repúblicas marítimas —Venecia, Génova, Pisa, Amalfi— se enriquecieron con el comercio mediterráneo y con las cruzadas; el veneciano Marco Polo viajó a la China de la dinastía Yuan a finales del siglo XIII. Las comunas del norte, como Florencia y Milán, prosperaron y derivaron hacia el gobierno de los signori.

Final y transición

La peste negra de 1347-1351 devastó Italia, pero sus ciudades ricas —sobre todo Florencia, donde Dante había dado forma a un italiano literario— se movían hacia el renacer cultural del Renacimiento.