Resumen
El vestido italiano de estas décadas siguió a París como el de todos los demás, así que lo interesante del Risorgimento no es la moda sino el uniforme: una simple camisa roja se convirtió en la prenda política más legible de la Europa del siglo XIX y después, cosa notable, se convirtió en moda en los países que nada tenían que ver con la causa.
Prendas y estilo principales
Las mujeres de la élite llevaban lo que dictaba París —la crinolina, que se expandió a lo largo de las décadas de 1850 y 1860 y después se replegó en la silueta de polisón— y los hombres la levita y, cada vez más, el traje sobrio.
Frente a eso, la camicia rossa. Los voluntarios de Garibaldi llevaban camisas rojas, y la prenda funcionaba precisamente porque no era un uniforme: barata, uniforme en el color y no en el corte, y al alcance de hombres que no tenían un ejército que los equipara. El relato habitual remonta las primeras camisas a una partida obtenida en Montevideo durante sus años sudamericanos, y el detalle se repite en todas partes pero es difícil de fijar, así que conviene tratarlo como tradición y no como hecho establecido.
Lo que sí está documentado es su vida posterior. Tras el desembarco de los Mil en Sicilia en 1860, Garibaldi se convirtió en una celebridad en Gran Bretaña y en Francia, y una blusa suelta de lana roja vendida como la garibaldina llegó a ser una moda femenina de verdad de principios de la década de 1860: uno de los primeros casos de una prenda política que cruza a la prensa comercial de moda.
Transición
Con el Reino proclamado en 1861, el vestido italiano se cuenta dentro de un marco nacional, aunque una industria de la moda claramente italiana quedaba todavía a noventa años de distancia.