Resumen
La independencia vistió a sus dirigentes como europeos y a su campo como lo que era. Las nuevas repúblicas adoptaron la sastrería militar napoleónica y la moda civil parisina casi sin cambios, mientras en las llanuras tomaba forma un traje de trabajo que después reivindicarían esos mismos Estados como vestimenta nacional.
Prendas y estilo principales
Los oficiales llevaban casacas de cuello alto con pesados galones de oro, bicornio o chacó, y fajines, en un estilo tomado de los ejércitos de las guerras napoleónicas; las élites civiles seguían a París y a Londres, con el frac y después la levita para los hombres, y las siluetas Imperio y luego románticas para las mujeres.
El gaucho de la pampa llevaba algo por completo aparte: un poncho, una faja tejida ancha en la cintura con un tirador de cuero encima, botas y, debajo y en este período, el chiripá, un paño pasado entre las piernas y sujeto a la cintura. Las bombachas hoy inseparables de la imagen del gaucho son posteriores y se extienden en la segunda mitad del siglo, así que el conjunto clásico se fue montando con el tiempo en vez de llegar entero.
Las comunidades andinas y mapuches siguieron tejiendo su propia vestimenta durante todo el período, en buena medida al margen del cambio político.
Transición
A lo largo del siglo XIX, la vestimenta occidental se convirtió en la norma urbana, y los vestuarios del gaucho y de los Andes se reinterpretaron como patrimonio nacional y no como ropa de trabajo.