Resumen
Desde la caída de Constantinopla en 1453 hasta el estallido de la guerra de Independencia en 1821, casi toda Grecia vivió bajo dominio otomano durante cerca de cuatro siglos, el período que la memoria griega conoce como la Turcocracia, la era del dominio turco. Las islas en manos venecianas siguieron caminos aparte: Creta siguió siendo veneciana hasta 1669, y las islas Jónicas —con la excepción de Léucade (otomana h. 1479-1684)— nunca estuvieron bajo dominio otomano. Dentro del imperio, los cristianos ortodoxos formaban una comunidad religiosa autoadministrada (millet) bajo el patriarca de Constantinopla, y la Iglesia preservó la lengua y la identidad. Los impuestos de los primeros siglos incluían el devshirme, una leva de niños cristianos, aunque la práctica decayó a lo largo del siglo XVII y terminó de hecho a principios del XVIII (las últimas levas hacia 1705).
Hitos principales
Las élites griegas prosperaron dentro del imperio: las familias fanariotas de Constantinopla ascendieron a altos cargos y sirvieron como gobernadores de los principados danubianos, mientras los comerciantes y armadores griegos tejían redes de diáspora por toda Europa, la base material del movimiento independentista posterior. En las montañas, los kleftes (bandidos rebeldes) y las milicias armatoloi mantuvieron viva una tradición de resistencia, y los alzamientos prendían con las guerras exteriores; la revuelta de Orlov de 1770, instigada por Rusia, se reprimió con dureza. En el siglo XVIII, la Ilustración griega se extendió por escuelas y editoriales financiadas por la diáspora, de la visión revolucionaria de Rigas Feraios (ejecutado en 1798) a la labor lingüística de Adamantios Korais. La sociedad secreta Filikí Etería, fundada en Odesa en 1814, organizó la propia revolución.
Final y transición
El alzamiento preparado por la Filikí Etería estalló como guerra de Independencia en marzo de 1821. Con él terminaron casi cuatro siglos de dominio otomano sobre Grecia.