Qué fue

Los Estados Pontificios fueron las tierras de la Italia central —Roma y el Lacio, con Umbría, las Marcas y la Romaña en su apogeo— sobre las que el papa gobernó como monarca temporal. Su momento fundacional convencional es la donación de Pipino (754-756), cuando el rey franco concedió al papa antiguos territorios bizantinos de la Italia central.

Papel

Durante unos once siglos el papado fue también una potencia territorial italiana, además de la sede de la Iglesia católica. Los Estados sostuvieron la independencia de los papas frente a emperadores y reyes, pero los enredaron en las guerras y en la diplomacia italianas —Julio II hizo campaña en persona para consolidarlos—, y sus rentas ayudaron a financiar la reconstrucción de la Roma renacentista, de San Pedro a las obras de Miguel Ángel y de Rafael. Durante el papado de Aviñón (1309-1377) el control casi se disolvió, y la Francia napoleónica se anexionó dos veces los Estados antes de que el Congreso de Viena los restaurara, en 1815.

Destino

En 1860 el Reino de Italia emergente se anexionó casi todo el territorio —la Romaña, las Marcas, Umbría— y dejó al papa solo Roma y el Lacio bajo protección francesa. Cuando la guarnición francesa se retiró, las tropas italianas abrieron brecha en las murallas de la Puerta Pía el 20 de septiembre de 1870, y Roma pasó a ser la capital de Italia. El gobierno temporal de los papas terminó; la disputa que dejó, conocida como la cuestión romana, se resolvió en 1929 con el Tratado de Letrán, que creó el Estado de la Ciudad del Vaticano.