Resumen
Quienes lo vivieron no usaban ese nombre. Vasari escribió en 1550 de una rinascita de las artes, y el Renacimiento no se convirtió en un período con límites hasta el siglo XIX, con Michelet y después con Burckhardt. Lo que la época sí tuvo fue un programa: humanistas que buscaban manuscritos clásicos en las bibliotecas monásticas, que los leían como historia y no como autoridad, y que enseñaban un plan de estudios de gramática, retórica, poesía, historia y filosofía moral. Un accidente demográfico ayudó a pagarlo —la peste negra dejó menos herederos con más capital— y todo se aceleró después de 1465, cuando se instaló en Subiaco la primera imprenta de Italia.
Hitos principales
Humanistas como Petrarca recuperaron los textos y los ideales clásicos. En el arte, una línea que va de Giotto y Brunelleschi, que levantó la cúpula de la catedral de Florencia, y de Donatello, llevó a los maestros del Alto Renacimiento: Leonardo da Vinci, Miguel Ángel Buonarroti y Rafael Sanzio. El mecenazgo se extendió a la Roma papal, con la nueva basílica de San Pedro y la Capilla Sixtina, y a Venecia. En el pensamiento político, Maquiavelo escribió El príncipe (1513). El poder estaba repartido entre Florencia, Milán, Venecia, los Estados Pontificios y Nápoles, cuyo equilibrio estabilizó durante un tiempo la Paz de Lodi (1454).
Final y transición
Las guerras de Italia (1494-1559), en las que Francia y España se disputaron la península y Roma fue saqueada en 1527, terminaron con un predominio español sellado por el Tratado de Cateau-Cambrésis (1559).