Resumen

El Gishi Wajinden, el relato sobre los wa de los Registros de Wei chinos compilados en el siglo III, es la descripción escrita más antigua de la ropa japonesa. Cuenta que las mujeres pasaban la cabeza por un agujero recortado en una sola tela —el kantoi— y que los hombres drapeaban y anudaban una pieza ancha de tela alrededor del cuerpo, sin cortarla a medida. La arqueología coincide. Los yacimientos yayoi dan fusayolas, piezas de telar y fragmentos de tela, pero ninguna prenda cortada y cosida: todo se envolvía, se ataba o se metía por la cabeza.

Prendas y estilo principales

La tela se tejía en telar de cintura con cáñamo y ramio, las fibras liberianas que siguieron siendo el material de la gente corriente durante otros mil años. La sericultura llegó al norte de Kyushu durante el período, y se conservan fragmentos de seda de enterramientos en tinaja de lo que hoy son Fukuoka y Saga: la seda más antigua de Japón, y una marca de rango antes que ropa de diario. El teñido vegetal daba rojos, azules y amarillos.

Lo que distinguía a una persona de otra era menos la prenda que lo que se llevaba con ella. Los magatama en forma de coma de jaspe y de jade, las cuentas de vidrio y tubulares y los brazaletes cortados de conchas del sur o fundidos en bronce se entierran en cantidad con la gente de rango alto y apenas con nadie más. La crónica de Wei añade dos detalles que ninguna excavación habría aportado: los hombres wa se tatuaban la cara y el cuerpo, y todo el mundo iba descalzo.

Transición

El contacto continental se hizo más hondo a lo largo del Período Kofun que siguió, y se impuso el vestido de dos piezas cortado a medida: una chaqueta que abrocha por delante sobre pantalones para los hombres, y sobre una falda plisada para las mujeres. El estilo llegó por la vía de la península de Corea y es el que llevan las figuras haniwa. El envolver dejó paso al cortar y coser, y el vestido japonés no volvió nunca a la prenda sin costuras.