Resumen
Dos fuerzas dieron forma a la historia: unas oleadas de préstamos del continente —el vestido cortado a medida, los rangos cortesanos, el tejido de la seda— y unos tramos largos en los que esos préstamos se rehicieron hasta algo claramente japonés. El kosode, una túnica de mangas pequeñas que empezó como ropa interior, ascendió poco a poco hasta ser la prenda principal y, con el tiempo, el kimono.
La historia de la vestimenta
La ruptura más nítida llegó en la era Meiji, cuando el vestido occidental (yofuku) se adoptó para el ejército, los funcionarios y la vida pública masculina, y el kimono se reencuadró como prenda tradicional. En el siglo XX la ropa occidental se hizo cotidiana, mientras los diseñadores japoneses y los estilos de calle de Tokio devolvían la moda del país al mundo.