Resumen

Fue proclamado el 17 de marzo de 1861 por un parlamento reunido en Turín, y todavía tardó diez años en llegar a Roma: el Véneto se incorporó en 1866, la capital pasó de Turín a Florencia en 1865 y solo en 1871 a Roma. Su constitución fue la carta que el Piamonte había concedido en 1848, y su cuerpo electoral inicial no llegaba a un italiano de cada cincuenta: un Estado hecho por una pequeña clase política del norte para un país en el que la mayoría no hablaba italiano. La frase de Massimo d’Azeglio de que ya se había hecho Italia y aún faltaba hacer a los italianos resume bien los ochenta y cinco años siguientes.

Hitos principales

La Italia liberal tuvo un sistema parlamentario con sufragio limitado, un norte que se industrializaba frente a un sur más pobre («la cuestión meridional»), emigración masiva y aventuras coloniales en África. Italia entró en la Primera Guerra Mundial del lado aliado en 1915 y venció a un coste alto, pero el resentimiento y el malestar de posguerra abrieron el camino a los fascistas de Benito Mussolini, cuya Marcha sobre Roma (1922) llevó a Mussolini al poder. Su dictadura firmó los Pactos de Letrán con el papado (1929), invadió Etiopía (1935), se alió con la Alemania nazi y entró en la Segunda Guerra Mundial en 1940.

Final y transición

La derrota militar llevó a la caída de Mussolini en julio de 1943, a un armisticio, a la ocupación alemana y a una lucha de resistencia hasta la liberación de 1945. Desacreditada por sus lazos con el fascismo, la monarquía se abolió por referéndum el 2 de junio de 1946, con lo que se creó la República.