Resumen

La historia tailandesa se abre con la cultura del bronce de Ban Chiang, en el nordeste, cuyo bronce suele fecharse desde h. 1500 a. C.; el yacimiento se inscribió como Patrimonio Mundial de la Unesco en 1992. Los Estados budistas mon de Dvaravati florecieron del siglo VI al XI, y el Imperio jemer (Angkor) controló después buena parte del centro y del nordeste. La llegada y el ascenso de los pueblos tai produjeron luego los reinos que dieron forma al Estado siamés: Sukhothai (1238 por tradición), Lan Na (1296) y Ayutthaya (1351). Tres continuidades recorren todas las eras: el budismo theravada, la monarquía y el cultivo del arroz de regadío de la cuenca del Chao Phraya. Tailandia —llamada Siam hasta el cambio de nombre de 1939— es el único Estado del sudeste asiático nunca colonizado por una potencia europea, una independencia preservada mediante la diplomacia de tratados y las concesiones territoriales del siglo XIX.

Las grandes eras

La Tailandia primitiva abarca la prehistoria, Dvaravati, la era jemer y la migración tai. Sukhothai (1238-1438 por tradición) se honra como cuna de la escritura tailandesa y del budismo theravada de Estado, mientras que Lan Na (1296-1775) levantó un reino septentrional propio en Chiang Mai. Ayutthaya (1351-1767) sostuvo el poder siamés y un comercio cosmopolita durante cuatro siglos; tras su caída, Taksin reunificó el país desde Thonburi (1767-1782). La era de Rattanakosin (Bangkok) (1782-1932) trajo la monarquía absoluta de la dinastía Chakri y la modernización con Mongkut y Chulalongkorn. Desde la revolución de 1932 —el país pasó a llamarse Tailandia en 1939— una era constitucional ha alternado gobierno militar y electo; aliada de Estados Unidos y superada la crisis financiera de 1997, Tailandia es hoy una de las mayores economías del sudeste asiático, una monarquía constitucional bajo la dinastía Chakri.